MÁS CERCA DE LA REALIDAD

Una mezcla de trabajo, expectación, curiosidad, ansiedad, alegría, aventura… era el equipaje -junto a un par de maletas- que llevábamos (Maite, Paloma y José Ignacio) este verano cuando viajamos a El Cedral para conocer un poco más la realidad de los becados, sus familias y sus comunidades; para supervisar los proyectos que están en marcha y analizar los que pueden comenzar a caminar.

Lo primero fue la alegría de la inauguración de la Biblioteca que se ha construido en El Cedral. Fiesta y primer símbolo material de SeS en tierras hondureñas. Podemos decir que está equipada con mesas y sillas. Las estanterías ya soportan un pequeño fondo bibliográfico –realizado con el asesoramiento de los profesores del Instituto-, que servirá de apoyo para los estudios de los becados, y que iremos ampliando según vayan surgiendo las necesidades. El edificio se va a emplear también como centro para las reuniones de trabajo comunitario.

Hablando de reuniones, tuvimos unas cuantas en las apenas tres semanas que estuvimos allá. Con los becados, con los padres, con el alcalde de El Triunfo -El Cedral pertence a esta municipalidad-, con los profesores del Instituto, con la comisión del agua (en la que SeS ha hecho una aportación económica), con Adetriunf, con el coordinador del puente…nuestro próximo proyecto y cuyas obras comenzarán el 1 de diciembre. A las gentes hondureñas les cuesta hablar, no sabemos si por timidez, por falta de autoestima o sencillamente porque no están acostumbradas a que les pidan opinión. Pero cuando se las da el primer empujón se muestran participativas y con ganas de colaborar, sabiendo que al final de ellos depende que sus comunidades puedan seguir mejorando, aunque desde aquí se les eche una mano.

A los chavales también les cuesta ‘sacar’ sus sentimientos, sus pareces, sus esperanzas, como seguramente habéis comprobado en las cartas que os escriben. Pero una cosa es clara y es que la mayoría muestran su agradecimiento por la ayuda que reciben de vosotros los padrinos. Otra cosa que hemos comprobado es el esfuerzo que muchos de ellos tienen que hacer para estudiar. Trabajo al amanecer en la casa, en el campo, distancias de dos horas paso a paso o en bicicleta, caminos a veces intransitables por la lluvia y el lodo, tremendo calor, falta de estímulo, escasas expectativas de futuro, son algunos de los obstáculos que han de superar para seguir adelante, y lo hacen. Es verdad que unos mejor que otros, pero continúan en el empeño a la búsqueda de un futuro mejor que el presente.

Tienen curiosidad por saber cómo es nuestro mundo rico y tenemos que decirles que no es tan ‘bonito’ como el que le cuenta la televisión, aunque desde luego vivimos mejor que ellos, que las necesidades básicas están generalmente cubiertas. Les hablamos de que aquí también hay problemas, que el trabajo es duro, que la competitividad a veces resulta demoledora, que el consumismo nos ataca por todas partes… No lo dicen, pero sabemos que están pensando que ellos querrían vivir esos problemas, tener trabajo, aunque sea duro, que consumir no es tan malo cuando se carece de casi todo.

Después de poco más de dos semanas en Honduras volvemos con la sensación de que hemos hecho algunas ‘gestiones’, que hemos puesto algunos parches, que hemos aportado alguna esperanza, pero que la cosa allá continuará siendo difícil durante muchos años, porque el cambio tiene que ser profundo, que hay que transformar las injustas estructuras.

Y cuando ya estamos aquí, para no olvidar, tenemos que echar mano del  poema ‘El Sur también existe’, de Mario Benedetti, que termina diciendo:

    

 

“(…) pero aquí abajo

cerca de las raíces

es donde la memoria

ningún recuerdo omite

y hay quienes se desmueren

y hay quienes se desviven

y así entre todos logran

lo que era un imposible

que todo el mundo sepa

que el sur también existe”.

  

 Paloma, José Ignacio, Glendis y Maite. Honduras. Agosto de 2007